Respuestas ambiguas
Ana y Manuel pasean después de comer y de su café de media tarde antes de entrar a clase. En un momento, Ana cotillea su bolso. Está buscando un chicle, que siempre toma después del café. Cuando lo encuentra le ofrece uno a Manuel:
Ana. Manuel, ¿quieres un chicle?
(Silencio)
Manuel. Creo que no…
Ana se queda pensando: “Creo que no… ¿se lo doy o no?”.
Mira a Manuel desconcertada y mira al chicle después durante un tiempo. Mientras lo mantiene en alto, los dos estallan a carcajadas.
Así, Ana recibió la respuesta más ambigua de su vida en la pregunta más fácil de todas las que hizo.
El tamaño sí importa
Mari Tere, Soledad y Ana están disfrutando de unas botellas de tinto casero en un piso. Se ha hecho tarde porque andan celebrando muchas cosas. Nuevas carreras, nuevos cursos, aprobados y éxito, en general.
Las botellas se van gastando -con sus simpáticas consecuencias- mientras Mari Tere y Ana le comentan a Soledad lo que hicieron el pasado lunes, cuando estuvieron en una recepción con gente importante y exquisitos canapés:
…
Ana. Yo salí de allí comía
Mari Tere. Hombree. Nos dieron rabo de toro, pescaíto frito, mini-flamenquines, mini-tostas con chorizo y mini-banderillas de tomatito cherry con un taquito de queso fresco. ¡Muy bueno todo!
Soledad. Todo mini, ¿no?
Mari Tere. Todo mini, todo mini…
(Ana y Mari Tere ponen cara de desprecio mientras piensan en el minúsculo tamaño de los canapés).
Ana. Pues en verdad podrían habernos puesto las cosas más grandes. ¡Por favor!
Medio tomate cherry… ¡que nos pusiesen medio tomate normal y medio queso de Vega e Hijos!! ¡Y si no puede con una banderilla normal que cojan las de los toros!
Y así, las tres, y entre risas (y tal vez por el efecto del alcohol) descubrieron que el tamaño sí que importa.
One pound
Ana y Manuel están sentados en el bar donde desayunan todas las mañanas. Junto con sus compañeros de curso, ríen y disfrutan. Han salido al descanso, eso es siempre una razón para estar feliz. Además, Ana, por acontecimientos de la vida, se encuentra bien, y a veces le da por entonarse con alguna canción.
Todos charlan por grupos. Donde están Ana y Manuel se quedan sin conversación aparente. De repente, rebuscando, Lola saca una moneda de su cartera.
Lola: Mirad, ¡es una libra!
(Ana estira la mano para acercársela)
Ana: ¿Una qué? Ah, una libra.
Manuel: Es verdad.
(Ambos la miran ensimismados)
Ana: One pound…
……………. (Silencio efímero. Ana está pensando)
Ana: A one pound buluba puran pan pú!!
Después de cantar esto, Ana ríe satisfecha. Ya tiene canción para el resto de la semana.
El valor de Twitter
Ana y Manuel están sentados bajo un soportal de Reina Mercedes. Con ellos se encuentran varios compañeros de su clase de chino. Acaban de salir todos del examen y se han parado a tomar unas cervezas.
Durante más de una hora mantienen una charla sobre el poder de China y su comercio, la situación actual del mundo, y las transacciones y negocios que valdría la pena comenzar. Al poco, la charla deriva a los Medios de Comunicación, y su poder sobre todo en Internet y las Redes Sociales.
Chico: Los medios de comunicación de papel están acabados. Ahora hay que centrarse en crear negocios de Internet y por Internet.
Ana: No sé yo. No todos triunfan de todas maneras.
Chico: Hay que intentarlo. ¿Sabes qué es Twitter? Twitter empezó siendo una página de mensajes cortos, una idea, y ahora la utiliza gran parte de la población. ¿Sabes cuál es el valor de Twitter? ¡Actualmente Twitter tiene el valor de 15.000.000.000 (quince mil millones) de euros!
(Silencio)
Ana, impresionada, mira a Manuel y se hace la importante.
Ana: Yo tengo un Twitter
(Manuel mira a Ana seriamente)
Manuel: ¡¡Po véndelo!! ¡Nosotros aquí pasando penurias y tú con tu Twitter!
Challenge accepted
Ana y Manuel andaban por la calle hablando de su fin de semana y las cosas que habían estado haciendo.
Ana: El otro día estuve en las carreras de caballos, Manuel. En el hipódromo de Andalucía.
Manuel: ¿Sí? ¿Y qué tal? Yo nunca he ido. ¡Un día podríamos ir!
Ana: Po sí, son gratis y quiera que no pasas la mañana del domingo. ¡Yo te acompaño!
Manuel: ¿Y cuándo vamos a ir a la ópera? Que de vez en cuando ponen espectáculos y eso.
Ana (riéndose): También, pero entre “Un día en las carreras” y “Una noche en la Ópera” vamos a hacer todas las películas de los Hermanos Marx.
Manuel (se ríe también): ¡Y hacemos también una “Sopa de ganso” y vemos cuanta gente cabe en un camarote!
……. (silencio)
Ana: CHALLENGE ACCEPTED

Descubriendo el fin del mundo
Ana y Manuel van sentados en el coche de camino a Córdoba. Tienen hambre cuando van pasando por Écija y deciden parar en el Centro Comercial N4 para comer, porque se ve desde la carretera y se puede seguir el camino fácilmente.
Así hacen. Comen en un chino, como no podía ser de otra manera y se lo pasan bien descubriendo qué coño están comiendo. Al salir del centro comercial, tiran a la derecha camino a Osuna.
Manuel: ¿Por qué tiras por aquí?
Ana: Porque como en toda carretera habrá una salida que ponga Córdoba, y otra que ponga Sevilla. Así salimos más rápido del pueblo.
Manuel: Ajá.
(10 minutos después)
Ana: Yo no veo ninguna salida ¿eh?
Manuel: ¡Mira qué paisaje! ¡Aquí es donde grabaron El Rey León!
Ana: (Se ríe, pero insiste) Bueno en el caso de llegar a Osuna tiramos para delante, que desde allí tiene que haber otra salida para Córdoba seguro.
Durante todo ese tiempo Ana piensa en un mapa mental inexistente dónde se ubica Osuna con respecto a Écija.
Cuando finalmente llegan a Osuna 20 minutos después, deciden preguntar a sus habitantes, que, después de varias cavilaciones, le indican que el camino más cercano a Córdoba es por el que han venido.
Ana y Manuel se dan cuenta de que han perdido 40 minutos de su vida por la carretera sin salidas, y proclaman que Osuna es el fin del mundo.
Y así lo es desde entonces.
Sobre el futuro de la humanidad
Ana ha llegado hoy a Reina Mercedes con gafas, porque no quería ponerse las lentillas. Mientras ella y Manuel se toman un café (Y Manuel copia los deberes de chino ¬¬), Ana piensa sobre lo que pasará con los que lleven gafas en el futuro.
Ana: Manuel, creo que debería operarme la vista para quitarme las dioptrías.
Manuel: ¿Y eso?
Ana: Porque en un futuro no muy lejano, cuando se acabe la humanidad y vivamos en los bosques… ¡imagínate que se me rompen las gafas! Si viene un oso no le veo y me puede matar…
Manuel: (Entre risas pero sin inmutarse) ¿Para qué quieres verlo? Si es lo mismo que cuando te va a atropellar un autobús. No es tanto el dolor como el susto que te entra. Es mejor no verlo venir.
Ana y Manuel están de acuerdo.




