La fidelidad del perro
Desde que comenzara la campaña electoral vengo observando las señas roji-azules de las personas que conozco y de aquellas con las que hablo. Ahora que mañana saldrán las medidas y recortes de partido ganador me gustaría comprobar unas cosas.
En general y por lo que puedo ver, en esta democracia son pocos los que piensan por sí mismos. Muchos sueltan por la boca las premisas del partido al que votan. Sueltan el “no podían hacer otra cosa, es culpa de la crisis”, o el “Nosotros no congelaremos las pensiones y la culpa de todo, desde lo de Adán y Eva, es de Zapatero”.
Cuando estos partidos en situaciones de crisis como la que nos asola y embarga sólo dicen mentiras y falacias, el mundo pierde un poco de cordura. Pero si encima los votantes de esos grandes partidos defienden estas premisas, me encuentro pensando en dónde se ha escondido el sentido común de esos españoles que han perdido su identidad en pos de un partido político.
Defienden sin saber, hablan por hablar. Tanto, que se encuentran apoyando a las mismas personas que los han llevado a una situación de ruina, de desempleo y a vender su vida a un banco por una hipoteca.
Respuestas ambiguas
Ana y Manuel pasean después de comer y de su café de media tarde antes de entrar a clase. En un momento, Ana cotillea su bolso. Está buscando un chicle, que siempre toma después del café. Cuando lo encuentra le ofrece uno a Manuel:
Ana. Manuel, ¿quieres un chicle?
(Silencio)
Manuel. Creo que no…
Ana se queda pensando: “Creo que no… ¿se lo doy o no?”.
Mira a Manuel desconcertada y mira al chicle después durante un tiempo. Mientras lo mantiene en alto, los dos estallan a carcajadas.
Así, Ana recibió la respuesta más ambigua de su vida en la pregunta más fácil de todas las que hizo.
El tamaño sí importa
Mari Tere, Soledad y Ana están disfrutando de unas botellas de tinto casero en un piso. Se ha hecho tarde porque andan celebrando muchas cosas. Nuevas carreras, nuevos cursos, aprobados y éxito, en general.
Las botellas se van gastando -con sus simpáticas consecuencias- mientras Mari Tere y Ana le comentan a Soledad lo que hicieron el pasado lunes, cuando estuvieron en una recepción con gente importante y exquisitos canapés:
…
Ana. Yo salí de allí comía
Mari Tere. Hombree. Nos dieron rabo de toro, pescaíto frito, mini-flamenquines, mini-tostas con chorizo y mini-banderillas de tomatito cherry con un taquito de queso fresco. ¡Muy bueno todo!
Soledad. Todo mini, ¿no?
Mari Tere. Todo mini, todo mini…
(Ana y Mari Tere ponen cara de desprecio mientras piensan en el minúsculo tamaño de los canapés).
Ana. Pues en verdad podrían habernos puesto las cosas más grandes. ¡Por favor!
Medio tomate cherry… ¡que nos pusiesen medio tomate normal y medio queso de Vega e Hijos!! ¡Y si no puede con una banderilla normal que cojan las de los toros!
Y así, las tres, y entre risas (y tal vez por el efecto del alcohol) descubrieron que el tamaño sí que importa.
One pound
Ana y Manuel están sentados en el bar donde desayunan todas las mañanas. Junto con sus compañeros de curso, ríen y disfrutan. Han salido al descanso, eso es siempre una razón para estar feliz. Además, Ana, por acontecimientos de la vida, se encuentra bien, y a veces le da por entonarse con alguna canción.
Todos charlan por grupos. Donde están Ana y Manuel se quedan sin conversación aparente. De repente, rebuscando, Lola saca una moneda de su cartera.
Lola: Mirad, ¡es una libra!
(Ana estira la mano para acercársela)
Ana: ¿Una qué? Ah, una libra.
Manuel: Es verdad.
(Ambos la miran ensimismados)
Ana: One pound…
……………. (Silencio efímero. Ana está pensando)
Ana: A one pound buluba puran pan pú!!
Después de cantar esto, Ana ríe satisfecha. Ya tiene canción para el resto de la semana.
La falacia de la democracia
Quiero explicar con estas pocas palabras la visión del mundo actual que me puebla el pensamiento.
Es una mierda que cada día apesta más.
No me baso en estudios ni en datos. Tengo 23 años y estoy parada. Terminé la carrera hace no más de nueve meses. Estudié periodismo, y sólo dos profesores me hicieron ver más allá del periodismo para el que nos preparan. Ya he hablado de ellos, de aquellos que abren la mente y nos dicen que miremos a través de las telarañas del poder. Pero, ¿para qué mirar más allá? Pensaba yo antes y piensan todavía tropecientos españoles. ¿Para qué? si ya sé todo lo que tengo que saber.
Mentira. Falacia.
No sabemos nada. El mundo está creado para que así sea. Y aunque seamos listos, la democracia está creada para ser inteligible. Lo único que se conoce de ella es que da el derecho de votar y tomar decisiones, que da la imagen de ser abierta, plural, y que es considerada “la única forma de organización estatal que se puede aplicar”. También mentira.
La Democracia es un sistema igual que los demás con el aditivo de ser engañosa. De ser un sistema cuya podredumbre se va cubriendo continuamente con la alfombra.
Y aunque sea una idea bonita, no deja de ser una idea. La democracia que inventaron los griegos no existe. Y la de ahora sólo funciona en sus primeros años, durante su adaptación, porque cuando la gente se acostumbra a ella se aburguesa, deja de entender, deja de ser curiosa y de luchar. Y más ahora, donde la mierda llega a tales niveles que lo único que parece plausible es mirar hacia otro lado y no pensar, volviendo al mismo ciclo. ¿Para qué pensar en ello? Si me voy a deprimir… ¿Para qué pensar, en definitiva?
Los españoles nos estamos acostumbrando a la Democracia, una Democracia que fue hecha de prisa y corriendo y que, por muy moderna que sea con sus 30 años, se está quedando obsoleta y nos está convirtiendo en borregos serviciales.
La Democracia actual cada día nos pisa algo más del terreno de la libertad de la que antes fue el estandarte. Le estamos dejando que nos diga sobre qué debemos pensar, a quién debemos votar (a sólo dos partidos –PP o PSOE- en una democracia multipartidista) y la proclamación de leyes cada día más absurdas.
En general, le estamos dejando nuestra capacidad de tomar decisiones porque somos demasiado vagos para pensar. La tenemos, pero no la queremos, porque nos conformamos con tenerla ahí “por si acaso” algún día nos da por usarla.
La relatividad de la distancia
Si me he quedado en Sevilla este año es para hacerme fuerte, para afrontar lo que iba a ser un año duro, cuanto menos. Sabía que no sería lo mismo, que muchos nos separaríamos, que no nos veríamos a menudo, y que iba a ser más difícil sobrellevar los momentos duros.
Las distancias son relativas. Pero desde cerca, cuando las excusas escasean, se ve quién es capaz de hacer sin esfuerzo que la lejanía se haga estrecha.
Sabía que tendría que moverme yo si quería ver a la gente. Sabía que tendría que viajar por Andalucía como el año pasado viajé por el mundo para ver a la gente a la que quería. Sé y siento que cuando son ellos los que vienen a buscarme el corazón me salta de alegría.
Por otra parte sabía que habría gente que por esta razón me juzgaría, que estaría pendiente de las cosas que iba a hacer, con quién me iba más y con quién me iba menos. Gente que me critica y que pretende después que me sienta a gusto consigo. Para esto, el único remedio es: tiempo y silencio.
Puede que no parezca suficiente, pero es lo que hay. Puede que no sea una razón, pero no intento explicarme. Porque las explicaciones me las debo sólo a mí.
El valor de Twitter
Ana y Manuel están sentados bajo un soportal de Reina Mercedes. Con ellos se encuentran varios compañeros de su clase de chino. Acaban de salir todos del examen y se han parado a tomar unas cervezas.
Durante más de una hora mantienen una charla sobre el poder de China y su comercio, la situación actual del mundo, y las transacciones y negocios que valdría la pena comenzar. Al poco, la charla deriva a los Medios de Comunicación, y su poder sobre todo en Internet y las Redes Sociales.
Chico: Los medios de comunicación de papel están acabados. Ahora hay que centrarse en crear negocios de Internet y por Internet.
Ana: No sé yo. No todos triunfan de todas maneras.
Chico: Hay que intentarlo. ¿Sabes qué es Twitter? Twitter empezó siendo una página de mensajes cortos, una idea, y ahora la utiliza gran parte de la población. ¿Sabes cuál es el valor de Twitter? ¡Actualmente Twitter tiene el valor de 15.000.000.000 (quince mil millones) de euros!
(Silencio)
Ana, impresionada, mira a Manuel y se hace la importante.
Ana: Yo tengo un Twitter
(Manuel mira a Ana seriamente)
Manuel: ¡¡Po véndelo!! ¡Nosotros aquí pasando penurias y tú con tu Twitter!
El santuario
Son las ocho de la tarde de un día de enero. Estoy sentada en el banco de una plaza entre edificios, en un barrio humilde de Sevilla. En ella, los niños juegan dentro de un parque infantil, a pesar de que ya es de noche y hace frío. Los más mayores se sientan en reunión, y ven pasar las horas entre charlas y litronas. Algunos pasan por la plaza. Unos llegan a casa cansados del trabajo, y otros sudorosos de haber ido a correr a la vera del Río Grande.
Media docena de edificios rodean esta plaza. Algunos tienen la suerte de tener vistas al Guadalquivir. Uno de ellos, el número 7, tiene sus puertas hacia fuera. Es un edificio antiguo de cuatro plantas y dieciséis casas de vecinos. Muchos de ellos, ancianos, y la gran mayoría, inmigrantes.
Descubriendo el fin del mundo
Ana y Manuel van sentados en el coche de camino a Córdoba. Tienen hambre cuando van pasando por Écija y deciden parar en el Centro Comercial N4 para comer, porque se ve desde la carretera y se puede seguir el camino fácilmente.
Así hacen. Comen en un chino, como no podía ser de otra manera y se lo pasan bien descubriendo qué coño están comiendo. Al salir del centro comercial, tiran a la derecha camino a Osuna.
Manuel: ¿Por qué tiras por aquí?
Ana: Porque como en toda carretera habrá una salida que ponga Córdoba, y otra que ponga Sevilla. Así salimos más rápido del pueblo.
Manuel: Ajá.
(10 minutos después)
Ana: Yo no veo ninguna salida ¿eh?
Manuel: ¡Mira qué paisaje! ¡Aquí es donde grabaron El Rey León!
Ana: (Se ríe, pero insiste) Bueno en el caso de llegar a Osuna tiramos para delante, que desde allí tiene que haber otra salida para Córdoba seguro.
Durante todo ese tiempo Ana piensa en un mapa mental inexistente dónde se ubica Osuna con respecto a Écija.
Cuando finalmente llegan a Osuna 20 minutos después, deciden preguntar a sus habitantes, que, después de varias cavilaciones, le indican que el camino más cercano a Córdoba es por el que han venido.
Ana y Manuel se dan cuenta de que han perdido 40 minutos de su vida por la carretera sin salidas, y proclaman que Osuna es el fin del mundo.
Y así lo es desde entonces.
Especímenes de la Facultad de Comunicación de Sevilla
Hace tiempo, estando de prácticas, una periodista me decía: “Cuando a mí me preguntan si soy licenciada en Periodismo respondo: Sí, pero por la Complutense. No por Sevilla”. Ahora es cuando entiendo esto.
Hoy voy a ir a mi facultad a pagar definitivamente el Título de Periodismo. Y no hay cosa que me alegre más.
Acabé las clases en junio de este año. Y estamos ahora a diciembre. Ciertamente no he tenido prisa ninguna por pedir los papeles para ser una licenciada. Sin apuros. ¿Para qué correr si no me iban a hacer falta?




