Las locuras de una persona cuerda


De cuando me salvaron los Carnavales

El año pasado, allá por estas fechas, me encontraba en una situación de esas en las que la vida no te sonríe demasiado, cuando la desidia le gana terreno a las ganas de vivir o de levantarte de la cama por las mañanas.

El cambio a la vida post-universitaria dejaba de acercarme a la mayoría de los que fueron mis compañeros. Falta de empleo, planes frustrados, ritmo lento o amistades efímeras y destructoras que querían verme tropezar. Las semanas pasaban lentamente entre clases que se hacían cortas por ser tiempo ocupado. No se distinguían la mañana de la noche, un lunes de un sábado. Y de todas las cosas que se volvían paulatinamente en contra la peor era el tiempo, que por ser libre se hacía eterno.

Pero como éste siempre perdona, a pesar de hacerse eterno seguía pasando… Y fue en una de estas cuando llegó febrero. Llegó febrero como un soplo de aire fresco, con su carnaval gaditano y las amistades – algunas más efímeras que otras- que venían con él y que hacían pasar el tiempo más rápido entre coplillas.

Los Príncipes o Los Joaquín Pamplina estaban ahí para hacerme reír y sentir algo más que la desidia de una mala racha. Sin darme cuenta las noches de bohemia y los viajes por Andalucía empezaron a marcar el calendario de la primavera andaluza.

Entonces me descubría mirando al cielo y pidiendo, de nuevo, que el tiempo se parase en esas noches a la verita del Puente de Triana.

Con el Carnaval llegaron la Semana Santa y la Feria de Sevilla, de Córdoba, Dos Hermanas, Alcalá o Puerto Real. Los viajes de locura y las aventuras de la hora del café. Y cuando me di cuenta era ya verano.

Ahora que mi mente está en otro lugar, pensando en otra persona más de lo que debiera, me encuentro de nuevo a las puertas de febrero, esperando que me vuelvan a salvar los Carnavales y me hagan pensar en algo más que no seas tú.


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